martes, 25 de mayo de 2010

POEMAS





                                                                                         Tarde de lluvia en Santiago


MAREA CIUDADANA
Suben las aguas y después decrecen;
por momentos más mansas o más vivas
se mueven en oleadas. Fugitivas
van y vienen las aguas. Nos ofrecen

una danza vivaz. No hay quien aprese
a las aguas esquivas, impulsivas
ni pincel penetrante que describa
boceto acuoso que en la tarde crece.

Pienso en playa lejana, sol, arena,
cielo, mar, pleamar, marea baja.
Mas no hay mar, solo calles anegadas

por lluvia intensa, densa; lluvia plena
de verano. ¡Hay que ver cómo trabaja
la mente ante una calle desbordada!


(Del libro Poesía cotidiana - 2006)

viernes, 16 de abril de 2010

DOS POEMAS





¡Ah!... tu mirada
oscura como la noche
luminosa como
la mañana;
abismo feroz
de luz y sombras
donde se ahoga sin piedad
el desaliento
y renacen todas las estrellas.


Ah!... il tuo sguardo
scuro come la notte
luminoso come
il mattino;
abisso crudele
di luce ed ombre
in cui affoga senza pietà
lo sconforto
e rinascono tutte le stelle.


¡Ah!... Teu olhar
escuro como a noite
luminoso como
a manhã;
abismo feroz
de luz e sombras
onde se afoga sem piedade
o desalento
e renascem todas as estrelas.



Quita de mí
los miedos,
esos miedos
que llegan con la noche
y que muchas veces
habitan mis mañanas.

Aniquila por favor
todos mis miedos;
arranca
toda incertidumbre.

Sé mi Dios y mi patria;
sé mi hogar
y mi punto de partida.

Sé la primera y la última,
la más clara
de todas mis certezas.



Toglimi
le paure,
quelle paure
che giungono nella notte
e che molte volte
abitano i miei mattini.

Distruggi, per favore,
tutte le mie paure;
allontana
ogni incertezza.

Sii il mio Dio e la mia patria,
sii il mio focolare
e il mio punto di partenza.

Sii la prima e l’ultima,
la più chiara,
di tutte le mie certezze.


Tira de mim
os medos,
esses medos
que chegam com a noite
e que muitas vezes
habitam minhas manhãs

Aniquila, por favor,
todos os meus medos;
arranca
toda incerteza.

Seja meu Deus e minha pátria;
seja meu lar
e meu ponto de partida.

Seja a primeira e a última,
a mais clara
de todas as minhas certezas.

Del libro “Tránsito (Desde la oscuridad hacia la luz)” 40 Poemas (2008)
Il libro " Transito, dall'oscurità verso la luce," 40 poemi (2008) traduzione di Pietro Adorni
Do livro “Trânsito(Da escuridão até a luz)” 40 Poemas (2008) Tradução de Gisele Rodrigues


domingo, 14 de febrero de 2010

NUEVO CUENTO

Mujer misteriosa (Imagen tomada de Internet)

BAILANTA
-Esa mina es nueva por aquí – dice Franco
-Si - coincide Martín - Es la primera vez que la veo.
-Tiene un físico impresionante
- Más o menos… Además es tan paliducha que da miedo
-Tiene un lomo espectacular y se mueve como una diosa
-A mi me parece que tiene cara de muerta – concluye Martín y da por finalizada la conversación.
La fiesta está en su apogeo. Las guarachas, chamamés y pasodobles llenan la noche de verano en los suburbios de la pequeña localidad. El animador, con voz impostada, incita de manera desmedida a continuar el frenesí de la danza.
Franco ha bebido más de la cuenta. Se siente extraño. Sus ojos enfocan de nuevo la figura femenina que mueve sus caderas con cadencia sensual y sugestiva. La mujer baila sola en medio de la multitud. Eso atrae aún más a Franco. A los tropezones camina hacia la pista y toca el hombro de la mujer. Ella se da vuelta sonriendo de manera enigmática y sus movimientos se exacerban hasta parecer eróticos y libidinosos. Un extraño escalofrío sacude a Franco. No es el rostro pálido y etéreo ni la sonrisa irónica lo que impresiona; es su mirada… una mirada color púrpura que parece ver el más allá.
-¿Querés bailar? – pregunta desafiante – ¿Te animás?... Se me ocurre que no te da el cuero.
-Movete muñeca que yo me las arreglo.
Baila moviendo apenas sus pies sobre la pista mientras sus sienes laten y él se siente aturdido. En un momento tropieza pero la mujer lo sostiene de manera firme.
-No te hagás el loco que estás hasta las manos. Lo único que vas a conseguir es cagarte de un golpe.
La mujer baila cada vez más enardecida y la mente de Franco se obnubila.
-Salgamos de aquí – pide el hombre – vayamos a otro lado.
-¿Estás seguro?... Mirá que conmigo podés conocer que mierda es el infierno.
El sonríe canchero y la toma del brazo. Martín, que sigue prendido a la cerveza ni siquiera se da cuenta de la partida de su amigo.
Cuando salen a la calle un nuevo estremecimiento preocupa a Franco. Su sexto sentido le dice que algo no anda bien. Al instante siguiente deja de lado sus miedos y se prepara para vivir su gran noche.
¡No puede creerlo!
Mientras recorre las calles tortuosas de la villa detrás de la hermosa mujer, observa la generosa turgencia de sus glúteos y las perfectas piernas. El vestido se adhiere obstinado al magnífico cuerpo, haciéndola más bella y más impúdica.
Por momentos siente un dejo de irrealidad. Su cerebro, a punto de estallar, vaga indeciso entre las fantasías del goce próximo y la realidad de no poder explicarse cómo ha logrado conquistarla.
La casilla de lata donde vive Franco es pequeña pero a ella parece no importarle. Apenas llegan, se recuestan en el catre
-¿Estás asustado? – Pregunta de golpe la mujer - ¿Tenés miedo de algo?
-No veo por qué – miente él sin convicción.
-Con la cara que tenés – vuelve a atacar sabiéndose dueña de la situación - pareces un pollo mojado... Tembleque y ansioso.
-Es una impresión equivocada – se defiende Franco.
Ella queda en silencio un largo rato. Franco nota que le tiemblan las manos. “Tengo que serenarme” se dice “Si llego a arruinar una ocasión como esta me enyeto de por vida”.
Un poco más sereno comienza a besarla; primero de manera tímida pero, a medida que ella responde, sus caricias se hacen más atrevidas. Durante una eternidad continúan abrazados besándose.
De pronto Franco nota algo en la mirada de ella pero ya es tarde. Siente un dolor lacerante en el cuello mientras la mujer ríe a carcajadas.
Las pupilas desorbitadas del hombre registran la escena en un relámpago breve y eterno, mientras su mente, huérfana de cualquier otro pensamiento, dibuja el inesperado final de la historia.
Un rato más tarde, en la bailanta, Martín que ya está tan borracho como su amigo junta coraje y encara a la mujer. Ya no la ve tan pálida y el movimiento de su cintura lo enloquece. Está tan obnubilado que ni siquiera se acuerda de Franco.
La mujer de vestido negro y rostro desvaído ondea sin pudor sus caderas mientras una sonrisa misteriosa se instala en su boca.

domingo, 10 de enero de 2010

DOS CUENTOS




NÚMEROS

Mientras tiraba una moneda en su mano, el vagabundo me miró profundo y dijo con voz ronca “La vida es una sucesión de cifras; un mero postulado acerca de los números”
Desde aquella tarde, mido mi vida en años, meses, días y semanas; doy vueltas junto al minutero, busco cifras claves para resolver cualquier enigma, evalúo la cuantía del amor y el sentimiento, sumo, resto, multiplico y divido pero todavía no he podido encontrar el teorema que descifre el tránsito azaroso de los hombres por la vida, ese viaje del cero al infinito.




RUTINA

Despierta, se ducha, desayuna y parte rumbo a la oficina. Un día más en una vida gris y sin sorpresas. Desde lejanos tiempos está solo, acostumbrado a la rutina y ha olvidado todas aquellas cosas que nos hacen sentir vivos. Ya no tiene esperanzas. Camina hacia la parada del colectivo. Sabe que tras un corto viaje bajará, caminará unos metros, abrirá su oficina, se sentará en su escritorio y revisará expedientes hasta la hora de salida, volverá a su casa, calentará comida en el microondas , dormirá la siesta y después irá al café a dejar correr las horas. En su vida todo es previsible.
Lo que no puede prever es que, en unos minutos, unas caderas habrán de contonearse unos pasos más adelante, quedará hechizado por una mirada franca y transparente y por una sonrisa pícara y sincera mientras viajan, la que habrá de renovarse cuando ambos desciendan en la misma parada.
Por la tarde, con ansiedad contenida, saca el papel arrugado del bolsillo, toma el teléfono y marca. Cuando escucha la voz de la mujer del otro lado de la línea sabe que ha encontrado el camino de regreso a la vida.



jueves, 3 de diciembre de 2009

DÍA DEL MÉDICO



Hoy, tres de diciembre, se conmemora en la República Argentina, el Día del Médico. A mis amigos, les dejo un cuento como homenaje a todos mis colegas.





CIRUJANO DE GUARDIA

Aturdido, se sienta en la cama. Toma conciencia de donde se encuentra; refriega sus ojos mientras mueve la cabeza. La puerta suena con urgencia. Se da cuenta de lo que ocurre y se calza los mocasines rápidamente.
Camina en dirección al baño. Mientras avanza termina de vestirse. Hunde la cabeza en el agua fría; sus ideas comienzan a ocupar el lugar correcto en su cerebro. Se echa encima el guardapolvo y sale al pasillo.
Avanza velozmente hacia la sala de Emergencias Médicas. Saluda a media voz a la enfermera, que intenta explicarle algo; antes de que la mujer abra la boca, él cruza la puerta. Cuando llega, se topa con una de las médicas de guardia y dos enfermeros que luchan contra un río de sangre que brota del tórax del paciente. Un ambiente de irrealidad domina la escena.
- ¿Qué tenemos? - Pregunta con voz firme.
- Un herido de arma blanca - contesta la doctora. Luego continúa con voz monocorde como si estuviera recitando una lección - Paciente de 22 años, sexo masculino, herido en una reyerta. Entró hace aproximadamente diez minutos. Por las características de la hemorragia sospecho que ha interesado pulmón izquierdo. Se le realizó una placa; parece que tiene una colección de sangre en el tórax.
Le extiende la radiografía que el mira a contraluz.
- Un hemotórax - piensa para sí - Seguro que habrá que intervenir rápido.
La Doctora sigue recitando. "Está intubado, ya le hemos pasado 500 de sangre y le estamos dando expansores plasmáticos..." Pero él ya no la escucha. Acaba de tomar una decisión.
Se dirige sin dudar al teléfono. Una voz femenina le contesta desde el otro lado de la línea.
- ¡Quirófano Central!
Ordena con voz segura y se dirige nuevamente al consultorio.
- ¡Doctora!... En diez minutos estará todo listo. Ya llamaron al anestesista; disponga lo necesario para que el enfermo llegue en las mejores condiciones a la cirugía.
Recorre el largo pasillo de paredes azulejadas de blanco con paso elástico, pero a medida que se acerca a la esquina que dobla en dirección a las salas de operaciones su marcha se hace vacilante. Él sabe por qué... Ese hombre... Siempre aparece cuando las cirugías son complicadas. Su presencia es una muerte en el quirófano. El primer encuentro fue una pesadilla. Le contó a alguno de sus amigos, pero todos, sin excepción, se rieron de él. Es el único que ve esa presencia. De nada le sirvió la asistencia psicológica. Estuvo a punto de dejar la medicina. A su pesar. De cualquier forma, el desagradable sujeto es una constante en su vida... Su sonrisa irónica y maligna, condena a muerte al paciente. Durante un tiempo se negó a operar cada vez que lo encontraba, pero los pacientes morían igual porque se tardaba en intervenirlos. Desde entonces resolvió no hablar más del tema con nadie. Afortunadamente no siempre aparece.
Cuando llega a la esquina y está a punto de lanzar un suspiro de alivio, aparece el maldito. Lo mira fijo pero esta vez él sostiene la mirada... El tipo sonríe...
Una vez más el cirujano ha perdido la batalla.
Bamboleante, se desliza en esa realidad repugnante. Cuando llega a la puerta del quirófano, una mujer de mediana edad y rostro agradable se acerca a él y lo abraza convulsa.
-¡Doctor! ¡Por favor! ¡Me dijeron que usted va a operar a mi hijo! ¡Por Dios! ¡Sálvelo! ¡Es lo único que tengo!
Entra al quirófano aún más confundido y preocupado. ¿Cómo se enteró la mujer de que él era el cirujano? ¿Cómo llegó tan rápido desde la guardia? "¡Pobrecita!" Piensa para sí. Ese hijo de puta no le va a ganar esta vez. Esa mujer desesperada no merece que él se deje vencer. Siente la mirada en su nuca, pero no se da vuelta "¡Esta vez no!" Se dice. "¡Esta vez no!"
Se saca la bata con gesto cansado pero satisfecho de sí mismo. ¡Está tan contento! Los signos vitales del paciente, le dicen que ha triunfado. Fuma un cigarrillo. Se duerme sentado en una silla. El ruido de una caja de instrumental lo despierta. Una enfermera le sonríe: -¿Dormí mucho rato? Ella le dice que alrededor de una hora. Se levanta; camina por el pasillo clareado por la luz de la mañana. Encuentra a su paciente respirando de manera rítmica. El pulso es bueno. Con extrañeza nota que está solo. Seguramente la madre se fue a dormir un poco más aliviada.
El muchacho abre los ojos y quiere hablar pero no puede. Dibuja con los labios la palabra gracias. Se acerca al joven y le susurra: “El que tiene que agradecer soy yo; todo salió bien gracias a tu mamá”. Este cierra los ojos y sonríe.
Camina satisfecho rumbo al dormitorio de los médicos de guardia. Se dirige al baño. En el momento en que se lava las manos se observa al espejo. El cristal le devuelve una imagen oculta por el vaho. Ahí está de nuevo el tipo. Mientras el espejo se desempaña, comienza a descubrir su propio rostro... Se hace la luz en su cerebro... ¡Al fin a descubierto a su enemigo! ¡Era él mismo!... Su miedo, sus contradicciones. Lanza un grito de júbilo con la certeza de que nunca más volverá a pasar por lo mismo. A unos cuantos metros, el muchacho herido, se pregunta qué habrá querido decirle el médico con la frase "Todo salió bien gracias a tu mamá". Seguramente no sabe que su madre ha muerto hace cinco años.



Del libro "TÍO ELÍAS Y TROS CUENTOS" (2005)